Resistencia bailada

Cualquier proyecto de larga duración, como el de La pequeña malumaluga, dedicado al público infantil y familiar, basado en la danza y con la voluntad de no dejarse llevar por las modas imperantes es un acto de coraje.

Han rehecho La luna en un cazo y lo han subtitulado «un espectáculo incomprendido» … con una buena dosis de tecnología digital, música en directo y un torrente de estímulos tranquilos que hacen apta la pieza para pequeños y grandes relajados.

Lo más importante es su empeño por no renunciar a una estética delicada, sensible, «adulta» desde el buen sentido de la palabra. Material sensible que va desde la coreografía que defendió con pulcritud Ariadna Saltó en el estreno en Fira Tàrrega; hasta la música en directo de Jordi Bello e interpretada por Marc Trias (percusionista) y Berta Puigdemassa (arpa). De hecho los tres participan muy cuidadosamente del movimiento, con unas grandes estructuras metálicas y pequeñas esferas que simbolizan muchas lunas, tantas como emociones genera en cada uno de nosotros la observación nocturna del satélite terrestre.

No hay detalle al azar y seguro que resulta complejo el control de cada uno de los elementos escénicos y participativos (que no desvelaremos aquí) con los que movilizan discretamente, sin forzar nada, los más pequeños. El espectáculo es redondo desde un punto de vista técnico e impecable en su significado.

Jordi Sora.

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